Mucha gente para estos días se preocupa y llega
a ser presa de la ansiedad, debido al tono preocupante de los discursos y a las
arengas, nada originales, de la campaña electoral. Existen, como en cada proceso de este tipo,
grupos de personas que tienen la escuálida misión de convertirse en pitonisas o
clarividentes de las peores desgracias y de los infortunios más
descabellados.
Pronosticadores y adivinos que pululan por
doquier, sea anticipando el apocalipsis político, sea poniendo en vilo a los
incautos con toda suerte de aconteceres infundados.Por suerte, por cordura y madurez del pueblo
dominicano, las predicciones de un Armagedón electoral, desde hace bastante
tiempo ya corren a la par del folklorismo político criollo.
Nada más mentecato e insulso que esos augurios
esparcidos sobre unas desgracias electorales imaginativas. Es muy normal que se ponga atención al desbarre
lingüístico y a la tropelía verbal de determinados sujetos políticos, esos que
utilizan la publicidad barata y de boca en boca, para sus raros pronósticos
electoreros.
Jamás deberá dársele crédito a palabras que,
por fortuna, hacen aguas en la propia lengua de quien las pronuncia. Esos
individuos que, en pos de ser escuchados y tomados en cuenta, se atreven a todo
en una campaña electoral. Admitir, eso sí, que tales augurios forman
parte esencial del arcoíris multicolor de la propaganda vernácula, recreada en
demasía por los elevados balcones de la imaginación popular.
Las y los dominicanos deben estar muy seguros
de que, pese a las indicadas jugarretas verbales de los ociosos, aquí se
acudirá, el próximo 20, a unas elecciones normales y libres de
sobresaltos.Y que quien haya sido favorecido por el voto
mayoritario ese día, en buena lid y al amparo de las reglas del juego
democrático, será declarado ganador.Como se estila decir en el lenguaje del pueblo
llano: ¡quien ganó, ganó! ¡Y punto!
Por: Z101digital.com


